Esperanza II

En el cielo está lo que es perfecto y de ahí venimos. Allí volvemos.
En el cielo está lo que es perfecto y de ahí venimos. Allí volvemos.

Mi amiga A. Arreaza me hizo llegar este cuento a través del teléfono. Me conmovió mucho pues en estos tiempos, pareciera ser lo que más nos falta debido a la ansiedad por la inmediatez y la falta de entendimiento del mundo en el que vivimos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, así que despierta, entiende y crece en amor y compasión.

Existían millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules. Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le propusieron:

– Señor, nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas.
– Así se hará, respondió el Señor. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, tal como se ven de lejos, para que puedan bajar a la Tierra.

Se cuenta que en aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente iluminada. Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste.
– ¿ Por qué volvieron ? – preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.
– Señor, nos fue imposible permanecer en la Tierra, existe allí mucha miseria, mucha violencia, hay demasiadas injusticias. El Señor les contestó: – ¡Claro! Ustedes pertenecen aquí, al Cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere. Nada es perfecto. El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección.

Siempre hay quien esté dispuest@ al servicio y esta estrella se entregó sin dudar.
Siempre hay quien esté dispuest@ al servicio y esta estrella se entregó sin dudar.

Después de que habían llegado gran cantidad de estrellas, Dios verificó la cantidad y habló de nuevo: – Nos está faltando una estrella, ¿dónde estará? Un ángel que estaba cerca replicó: – Hay una estrella que resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor.

– ¿Qué estrella es esa? – volvió a preguntar.
– Es la Esperanza, Señor, la estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola: la Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede conocer el porvenir.*

Por más que dudes, siempre hay algo que te hace creer que es posible. Se llama esperanza.
Por más que dudes, siempre hay algo que te hace creer que es posible. Se llama esperanza.


Recibe en este momento esta Estrellita Verde en tu corazón, la Esperanza. No dejes que ella huya y no permitas que se aparte. Ten certeza que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece todo a Dios. Se siempre feliz y contagia a otras personas tu felicidad.

Todo lo mejor para ti.-

*Autor – Humberto A. Agudelo C. – Vitaminas diarias para el espíritu. Editorial Paulinas.

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2 respuestas a “Esperanza II

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