
En momentos aciagos, siempre ha habido alguien que oportunamente me tendió su mano o me prestó su hombro, ya sea para ayudarme a salir del hoyo en el que me había metido o simplemente para recostar mi cabeza y descansar un momento. Bien es sabido que los caminos y las maneras de Dios son misteriosos, al menos para quienes no abrimos el corazón a recibir sus bondades, sin importar el origen y la manera en que se presentan.
Abro mi corazón a la presencia de Dios en mi vida a través de sus ángeles, ya sea en personas que me apoyan o en quienes me dan la oportunidad de ayudarles sacando lo mejor de mí.
La invitación de hoy: Déjate ayudar si sientes que lo necesitas o ayuda a alguien que, igualmente sientas que lo requiere. No dudes, solo recibe la oportunidad de sanarte porque esto funciona en ambas vías, bien sea que des o recibas.
Todo lo mejor para ti.-
Ciertamente a veces el Ego no deja que pidamos ayuda.. Reflexivo. 🙂