La lección.

Solo en el silencio mental somo capaces de mirarnos sin juicio para rectificar los errores.
Solo en el silencio mental somo capaces de mirarnos sin juicio para rectificar los errores.

Era temprano por la tarde, hora en la que acostumbraba tomar el Té. El aire fresco, típico de las épocas primaverales, ayudaba al maestro a asimilar sus encrucijadas. Ese día uno de sus alumnos, aquel por quien había desarrollado una estima muy especial, acababa de mentir al hacer trampas en la prueba final.

Reflexionando en solitario, el silencio del maestro fue interrumpido por la casual aparición Sigue leyendo

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