Con la razón.

Invertimos demasiado tiempo queriendo tener la razón, causando rabia, rencor y separación.
Invertimos demasiado tiempo queriendo tener la razón, causando rabia, rencor y separación.

Invertimos gran parte de nuestras vidas tratando de convencer a los demás que tenemos la razón en algo, especialmente en la manera de vivir. Nuestra verdad nos arrastra a querer que todos vivan sus vidas según nuestros preceptos. Dejamos de lado las realidades ajenas para dar paso a nuestros egos, sugiriendo y aconsejando a los demás sobre cómo resolver sus situaciones, basados únicamente en nuestras experiencias.

Nuestras buenas intenciones se ven opacadas por la acción constante de nuestros egos que nos llevan a querer tener siempre la razón sobre los hechos. Olvidamos por completo que esto no es posible ya que las realidades siempre son personales y el tamaño de los problemas los define quien los padece y no quien los ve. Esto no quiere decir que dejemos de apoyar a alguien con nuestro punto de vista sobre alguna situación, lo que si debemos cuidar es desde donde hacemos nuestras observaciones.

Dejar el control de querer que todo sea como queremos (tener la razón) abre espacio a la felicidad y  la armonía.
Dejar el control de querer que todo sea como queremos (tener la razón) abre espacio a la felicidad y la armonía.
  • El ego siempre nos pone en situaciones de prueba en las que nuestra humildad se ve sometida por la arrogancia de demostrar que sabemos más sobre algo.
  • El querer tener la razón hace que omitamos detalles sobre la situación sobre la que hemos sido consultados, y la vida es una cuestión de detalles.
  • Al querer tener siempre la razón, olvidamos escuchar de que se trata toda la situación y sin tener esa información no podemos ayudar a ninguna persona, al menos de manera efectiva.
  • Querer tener la razón le quita brillo al servicio ya que se hace desde el ego y no desde el corazón.
  • Pensar en tener la razón es esperar algo en retribución a nuestra ayuda. Lo cual le quita la calificación de ayuda desinteresada.

La mayoría de las veces, lo que necesitan nuestras amistades es ser escuchadas, nada más. Ser receptores de sus frustraciones, brinda un espacio de sanación mutua. Evita querer vivir con la razón, así podrás vivirla desde el amor con tu propio corazón.

Todo lo mejor para ti.-

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