
De las peores batallas que he tenido en mi vida siempre he salido derrotado por el enemigo más poderoso contra el que haya podido combatir, mi propio ego. No deja de impresionar la manera en cómo es capaz de generar situaciones que comprometen mis afectos al punto de generar un dolor prácticamente insoportable.
Pero esas luchas no son más que mi propia resistencia al cambio, el ego se resiste a dejar de ser y es cuando aparecen las tentaciones y de caer en ellas, los pesares y sufrimientos. En definitiva no importa cuánto desee cambiar, la voluntad parece sucumbir ante los caprichos de un ego que por más controlado que parezca hace su jugada en el momento menos esperado. Pero al final nada es ni malo ni bueno, simplemente quedan las experiencias y las lecciones, que una vez vividas y aprendidas queda aplicarlas para terminar de vencer la resistencia del ego.

Luchamos cuando nos resistimos y lo que se resiste, persiste.
La invitación de hoy: Identifica aquello que más te cuesta, eso que se presenta como algo irresistible y que no hace más que causarte inconvenientes. Reconócelo como parte de lo que has sido y luego y encuentra una razón poderosa para dejarlo ir, algo por lo que valga la pena no solo luchar, sino ganar.
Todo lo mejor para ti.-
Excelente entrada como siempre!! Un abrazo inmenso!
Un placer Damaris. Gracias a ti por comentar y compartit.
[…] visto reflejadas en fracturas importantes, no solo carácter, sino también, físicas. Todas las luchas ocasionan daño y son causadas por la resistencia que ofrezco a los cambios que la vida me […]