Los límites, un mito.

Mientras no se demuestre, estos seres, al igual que los límites a nuestro verdadero SER, no existen.
Mientras no se demuestre, estos seres, al igual que los límites a nuestro verdadero SER, no existen.

Se escucha agradable eso de que no tenemos límites para nada, nos invita a soñar que si se puede lograr y que si podemos hacerlo, dicho en boca de otros, en escritos de otros pareciera ser tan sencillo, tan real, algo completamente mágico y lo es cuando lo entendemos y aceptamos como cierto.

Por otra parte, Parece extraño que cada vez que mencionemos palabras como: mejora o avance, nuestras vidas se tornen en un completo desorden. Le pedimos a Dios que nos de cosas mejores y cuando él comienza a trabajar en nosotros, poniendo información que nos hará crecer, creando desvíos que nos pongan en la ruta hacia eso nuevo y mejor que deseamos, entonces generamos una resistencia casi imperceptible que nos quiere mantener atados a lo que siempre hemos sido. Es algo que nos hace olvidar que todo está en permanente cambio.

La verdad es que los límites no existen, son un mito, al igual que las hadas y los centauros, junto con las sirenas y unicornios, los límites a nuestro desarrollo están en la imaginación. De allí que parezcan tan reales pues nuestra mente no entiende de ficción así como tampoco entiende la palabra No. Cuesta deslastrarse de estas creencias, todos las tenemos. Pero, si, hay un pero. Siempre encontramos la manera de vernos y superarnos. Esta información puede ser de utilidad, a ver:

Los límites no están afuera, son una creación de nuestra mente, el patio de juegos de los egos.
Los límites no están afuera, son una creación de nuestra mente, el patio de juegos de los egos.
  • Estar entusiasmado es tener a Dios por dentro y al estar bajo esta condición, nada nos parece imposible.
  • Para estar con Dios por dentro, es menester hacerle un espacio al Alma, esa replica prefecta de Dios en cada uno de nosotros.
  • Para que el Alma este en cada quien, es vital que no haya egos, los creadores de los límites.
  • Alma y egos no pueden coexistir en nosotros, pero los egos son los dueños del Libre Albedrío y mientras no quieran irse, no lo harán.

¿Cómo hacer bajo esta situación? Aprender de nuestros momentos de entusiasmo, esos en los que los egos se rinden al amor incondicional de nuestra Alma. Esto de la espiritualidad es un trabajo y uno muy arduo que requiere dedicación, disciplina y toneladas de paciencia. Solo obsérvate y podrás mirar tus límites desde las alturas.

Todo lo mejor para ti.-

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