Trabajo espiritual.

Al igual que cualquier trabajo, le espiritualidad exige que demos lo mejor de nosotros. Total, somos los más beneficiados.
Al igual que cualquier trabajo, le espiritualidad exige que demos lo mejor de nosotros. Total, somos los más beneficiados.

En todas las escuelas se habla de trabajo espiritual, quienes entran, luego de estar practicando la disciplina que hayan escogido, con el tiempo llegan a comprender lo que esta expresión significa. No se trata solo de meditar, también incluye el servicio a los demás como un camino para el crecimiento. También está el ser cónsono con lo que se predica, indistintamente de lo que practiquemos.

Todas las disciplinas convergen en el amor al prójimo y en la consciencia del SER como herramientas fundamentales para el crecimiento. Pero en la práctica ¿Qué es lo que esto significa? ¿Es rezar todos los días o ir a los rituales religiosos sin escatimar tiempo y esfuerzo? En parte sí, es menester tener disciplina pues en cada encuentro, bien sea en meditación, yoga o en la misa, pues son momentos en los que estamos en intimidad con Dios. A no ser de que asistas por compromiso o te hagas el que meditas para relajarte sin tomar en cuenta la importancia de ese momento.

El trabajo espiritual, al igual que cualquier otro, requiere de mucha constancia y esfuerzo.

Podemos numerar 3 pilares fundamentales para este trabajo.

La finalidad última de los trabajos espirituales es una sola. Ayudarnos a superarnos a nosotros mismos.
La finalidad última de los trabajos espirituales es una sola. Ayudarnos a superarnos a nosotros mismos.
  • Orar/Meditar: No para pedir, sino para comprender lo que nos sucede y cómo podemos mejorar. No pidas paz, sino una manera para contribuir; no pidas un trabajo, sino que encuentres la oportunidades. Te corresponde prepararte para recibir lo que quieres.
  • Crear consciencia: De ti, de lo que eres, puedes y los talentos que posees. Crea consciencia de tu ser y cuídalo.
  • Servir: Una vez en el camino, es difícil que no encuentres con quien compartir lo que has aprendido. Enseñar es la mejor manera de aprender, eso sí, desde el amor y no desde la prepotencia de que tu sabes y el otro no. Cuídate del ego.

Ya tienes una idea de por donde comenzar. Todos creemos en algo o nos formamos en algún camino espiritual, no reniegues de él, si estuviste en catecismo para la primera comunión, no fue por imposición de nadie. Reinicia tu camino desde el principio, es la mejor manera.

Todo lo mejor para ti.-

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