El sendero.

Todos llevamos cargas, unos más otros menos. Sin importat la cantidad, toca soltarlas para poder avanzar.
Todos llevamos cargas, unos más otros menos. Sin importat la cantidad, toca soltarlas para poder avanzar.

En esto de vivir, pareciera que muchas veces nos encontráramos en laberintos sin salidas, con ventanas y puertas que solo nos llevan a callejones sin salida donde lo único que al parecer nos queda, es sentarnos a llorar en espera que alguien venga a rescatarnos. A todos nos ocurre por más fortachones que pensemos que somos, de cualquier manera, siempre hay quienes luego de saberse limpios por las lágrimas, toman una profunda y enorme bocanada de aire y deshacen el camino para tomar nuevos derroteros.

Ya hemos mencionado la resiliencia, los laberintos, la emocionalidad que tanto nos acompaña y nos hace sentir alegres, tristes, entusiasmados o derrotados. Caminos llenos de altos y bajos donde lo que resta, una vez andada la senda, es mirar atrás para darnos cuenta de lo que se ha avanzado, crecido y madurado. Sin engancharnos y por más que lo queramos, jamás podremos volver a pasar por ahí, resta retomar la marcha y enfrentar los altibajos que aún quedan hasta el final incierto del camino.

No importa cuanto hayas avanzado, aun queda camino por recorrer y sabe que al final solo encontraremos LUZ
No importa cuanto hayas avanzado, aun queda camino por recorrer y sabe que al final solo encontraremos LUZ
  • Todo el que anda por un camino, suele andar con un morral que pesa, recuerdos, imágenes, acciones tomadas y no tomadas. Solo suelta la carga, no suma para el resto del camino.
  • Disfrutar del camino exige una gran cantidad de atención, la cual se pierde si estamos mirando hacia atrás. Nadie puede avanzar sin tropezarse si camina de espaldas al futuro.
  • Por más que lo dudes, Dios siempre nos guía por la mejor senda. Los problemas aparecen cuando nos resistimos.
  • Si seguimos el camino de Dios y aparecen vicisitudes, veras que son fácilmente superables, en cambio si tomamos el camino del ego, las vicisitudes se transformarán irremediablemente en enfermedades.

No hay merito en culparse o castigarse por lo que fue o dejo de ser, tampoco en avanzar con cargas que lejos de ser cruces, son más equipaje inútil que nos impide utilizar nuestros talentos y servir en amor pleno a los demás. Mírate sin juicio, gira tu mirada hacia el futuro y marcha alegre por la senda que tienes por delante.

Todo lo mejor para ti.-

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