El precio.

Reza un dicho popular que “Todo en esta vida tiene su precio, incluidas las personas”, el cual  no solo es diferente en cuanto a la cantidad o magnitud, sino también en las maneras de cobrarlo y/o pagarlo, de hecho, es algo tan íntimo que está ligado estrechamente con el sistema de valoración personal de cada quien.

Uno de los pagos más comunes es el que hacemos para aprender.

En mi país, luego de 18 años  continuamos pagando el precio de la inmadurez. La ignorancia que acompaña a la adolescencia colectiva está representada el sentimiento de independencia, empeorado cuando esta se proclama “para siempre”,  en un mundo donde la inter-dependencia es el principio básico del éxito social.

Pero más allá del tema político, es el futuro de la sociedad venezolana el que pre-ocupa. Un futuro donde pareciera no haber cabida a la consciencia, mucho menos  a la paz, mientras se promueve constantemente el odio en un ambiente lleno de personas movidas fervorosamente desde la más profunda emocionalidad y egos alterados, donde hay poco espacio para la sindéresis y el amor al prójimo, cuando estas mismas personas permitimos a quienes gobiernan, importar alimentos y medicinas, baratos y de baja calidad, en lugar de promover la industria local, donde es necesario tener un carnet o simpatizar con el partido de gobierno para contar con un salario insuficiente y en algunos casos, con comida.

Hoy en la expectativa del fin de los acontecimientos, pareciera respirarse un aire de enfrentamiento que genera esperanzas de triunfo que pudiera significar el aprendizaje colectivo de la lección o al menos, por una porción significativa de la sociedad. Por el bien de muchos y la paz de todos, deseo que el día de hoy transcurra en armonía y que, quienes tienen armas, no las accionen.

Para concluir, quiero pedir disculpas a los seguidores de este espacio por estas breves palabras de desahogo, hay momentos en los que participar solo como testigo no es suficiente, tiempos en los que la consciencia grita más fuerte que el ego e indica que el camino correcto es contra-corriente.

Elevo mis plegarias a Dios para que bendiga a todos los que habitamos este trozo de tierra y a quienes leen estos artículos para que desde sus espacios, con el corazón abierto, se unan a esta lucha que pareciera estar cerca de su fin. Una lucha contra la misma guerra, el odio inculcado y los conflictos de intereses que benefician a pocos en detrimento de muchos. Gracias por tu aporte y comprensión, que Dios te bendiga.

Todo lo mejor para ti.-

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