Mente y espíritu.

Uno somos, somos uno.

La magnitud de mis acciones cotidianas es completamente impensable. Si bien el batir de alas de una mariposa en algún rincón del mundo, puede iniciar un huracán al otro lado, mis acciones no son menos impactantes. Pero ¿cómo sería mi vida si estuviese pendiente de que hacer tal o cual cosa llevarían a la humanidad a tener una guerra en otro continente?, menuda responsabilidad ¿no lo crees? Esto es posible porque la mayor parte del tiempo anduve inconsciente de mis acciones, hoy con un poco más de experiencia, puedo prestar mayor atención, no solo a mi actuar y sus consecuencias, sino a las emociones que estas generan en mí.

La consciencia resta espacio a la emocionalidad, permitiéndonos sentir la compasión.

Mirar la vida con compasión significa que no doy espacio a los egos y sus emocionalidad descontrolada como la rabia o el miedo. Así mismo, al actuar en consciencia plena puedo tener una perspectiva de las consecuencias de mis actos y por ende, una mejor visión sobre mi futuro.

La invitación de hoy: Ante la emoción RESPIRA, apréciate y evita actuar bajo su influencia, crea consciencia conectando mente y espíritu, así podrás mirar tu vida desde una perspectiva más elevada.

Todo lo mejor para ti.-

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