Todo pasa.

Todos los eventos “buenos y no tan buenos”, alegres, tristes, de rabia, en fin, cualquier cosa que nos haya ocurrido ya pasó y mantenernos pegados a las emociones que se generaron en dichos eventos le resta fuerza a la presencia de Dios en nuestras vidas.

El camino a nuestro corazón comienza en la renuncia a nuestros pensamientos.

Esto nos lleva a la muy repetida frase de que tenemos que “vivir en momento presente”. Pero  ¿Cómo podemos interpretar esta frase sin que nos coloque en situaciones de tener que recordar o proyectar? Estar en “El Momento Presente” requiere de dos hechos, 1.- Que tengamos nuestra mente libre de pensamientos, concentrarse en la respiración es una buena manera de iniciar el vacío de nuestra mente  y 2.- Que nuestro cuerpo esté libre de emociones, una vez libres de pensamientos, esta tarea es un poco más sencilla.

Nuestra mente descontrolada genera pensamientos dispersos a cada instante, estos a su vez derivan en proyecciones o recuerdos de escenarios que disparan emociones en nuestro cuerpo y el resto, pues lo hemos ido viviendo.

Hay solo un espacio en el que podemos hacer silencio de emociones y pensamientos. Ese lugar es nuestro corazón, es allí donde podemos saber quienes somos y que es lo mejor para nosotros, pero para llegar allí debemos renunciar al dominio de la mente. Tal y como hemos dicho en anteriores oportunidades, nada es gratis en el camino de la evolución, así que toca practicar a diario para lograr conectarnos con nuestra divinidad y dejar atrás el mundo del dolor y el sufrimiento.

Todo lo mejor para ti.-

El mayor de los miedos.

Nuestros egos se encargan de generar muchos miedos en nuestra mente. Cada quien cuenta con una carga importante de ellos y los va empleando durante toda su vida. Considera esto, la emoción suele ser un gran obstáculo, pero ¿Qué tal si la empleamos de manera que funcione de impulso para superar las barreras que la vida nos impone?

La función del miedo es la de protegernos de aquello que sentimos o pensamos nos hará daño. Más que una emoción es un instinto de preservación que empleado de manera pronta y oportuna puede ser una herramienta poderosa.

Si no tuvieras miedo, ¿Que harías? ¿Tal vez lograr lo que te propones sin excusas?

Pero hoy día, la mayoría de los miedos están solo en nuestra mente, son creencias implantadas que nos mantienen limitados y en la medida en que les damos importancia, se van haciendo más poderosos, tanto que llegamos a creer que somos incapaces de lograr cualquier cosa que se nos plantee. Tal vez el mayor de los miedos sea el de no tener miedos, pues esto nos colocaría en la posición de hacernos verdaderamente responsables de lo que somos y donde estamos, sin las excusas que ponemos cada vez que queremos hacer algo y no lo hacemos.

¿A que le estas teniendo miedo hoy?

¿A hablar en público?, dificilmente las personas lastiman a un orador. ¿Tener éxito? Que tanto mal te puede hacer algún dinero o reconocimiento extra. ¿La muerte? Eso va a ocurrir hagas lo que hagas, así que dedícate a vivir mientras sabes que estás vivo. ¿Al rechazo de alguien? Si no te atreves ahora, puede que no tengas otra oportunidad. Solo piénsalo bien y ponte en acción. Nada nos limita más que nosotros mismo.

Todo lo mejor para ti.-

Renacer.

A diario tenemos la fortuna, al menos los que pueden leer esta nota, de renacer  y lo mejor de todo es que lo hacemos con la experiencia de todos los días anteriores, es decir, no olvidamos nada, ¿O si lo hacemos?

Al igual que el ave Fenix siempre renacemos, a diario y lo hacemos con la experiencia de todos nuestros días anteriores.

Nos perdemos el panorama de nuestras vidas porque no recordamos que ya hemos tenido la experiencia resolviendo situaciones, incluso más complicadas que las que se nos presentan a diario. Caemos en el juego de nuestros egos al permitir que la emocionalidad controle nuestras acciones haciéndonos repetir eventos con actores y escenarios un poco diferentes.

Renacer a diario es una experiencia extraordinaria en sí misma y si a ello le sumamos que no tenemos que iniciar de cero el día, pues tanto mejor. No pierdas la perspectiva real de la vida, puedes opinar que estas palabras son un tanto exageradas, pero eso serían pensamientos de tus egos, o ¿no estarás de acuerdo conmigo que es mejor pensar que sabes?

Todo lo mejor para ti.-

La fragilidad de las cosas.

La mejor manera de evitar el temor a ser lastimados es entregando nuestro afecto de manera espontánea.

¿Has estado alguna vez en una oficina postal con el propósito de realizar el envío de una encomienda muy frágil? La sensación de inseguridad con respecto del objeto a ser enviado es enorme. Lo envuelves con celo, colocas papel periódico, procuras plástico con burbujas de aire, de ser posible anime, lo colocas en una caja y por último te aseguras de que esté muy bien apretada la cinta plástica que la sella.

Algo parecido sucede cuando alguien te quiere demostrar afecto. Al final del día lo entrega con todo el temor para ver como el agente postal hace caso omiso, no solo a sus advertencias sino al sin fin de letras que indican FRAGIL. Luego, una vez recibido y habiendo pagado el envío, literalmente lo lanza junto con el resto de los paquetes. Es entonces cuando nuestro temor se convierte en rabia y de allí en adelante lo único que podemos hacer es rezar para que la encomienda no haya sufrido por los impactos.

Con nuestras emociones es similar, a veces intentamos  entregar algo de afecto con temor al rechazo, pero en la mayoría de las veces, somos ese agente postal que sin el menor cuidado trata las entregas ajenas. Presta atención a lo que recibes de los demás, casi siempre te entregan su confianza para que trates ese paquete con delicadeza. Parece  difícil, pero no lo es tanto. Presta atención al momento presente, solo así te darás cuenta de la manera como se comunican contigo y las intenciones que le imprimen a sus acciones.

Todo lo mejor para ti.-

Explosión.

No cabe ninguna duda de que somos seres emocionales, vivimos por y para sentirlas de la manera como sea posible, deseamos estar en contacto con nuestra emocionalidad, sin importar que esta nos lastime o peor aún, sea una emoción que nos lleve a la autodestrucción.

Tanto más complicado es cuando negamos esta realidad y nos empeñamos en reprimir esas expresiones que sentimos, que sabemos que son correctas así nos sean del todo positivas. La alegría y la rabia son las más comúnmente acumuladas, casi siempre nos empeñamos en suprimirlas por convencionalismos sociales, más comúnmente llamados “El Deber Ser”.

Nuestro cuerpo no soporta la energía emocional reprimida, y mucho menos cuando esta alcanza los niveles que sobrepasan nuestra propia capacidad de acumulación. Llega entonces el momento en el que explotamos, aparentemente sin sentido ni razón alguna y es cuando una pequeña rabieta se convierte en feroz Ira o unas risas reprimidas en Ironía hiriente. Esta explosión arrasa con todo, destruye cualquier cosa buena que hayamos construido hasta ese momento con el agravante de que una vez realizada la explosión, difícilmente podemos dar marcha atrás.

Las explosiones de emociones reprimidas, suelen causar un daño terrible en nuestro entorno y a nosotros mismos.

Dedicarnos a vivir va mucho más allá de la contemplación de nuestro entorno y de como hemos conversado en varias ocasiones, de orar y meditar. La invitación es a observarte con detenimiento y a darte cuenta de lo que sientes, pues allí es donde encontramos el verdadero origen de las lecciones de la vida.

Todo lo mejor para ti.-

Dolor y aprendizaje.

Los apegos a personas y cosas materiales nos llevan distraídos haciéndonos caer en baches emocionales que, de haber estado despiertos a la hora de tomar una decisión, seguramente el resultado habría sido menos doloroso.

Agradece todos los eventos de la vida, en cada uno de ellos existe una lección para avanzar

Pero el dolor no es del todo malo, nos da lecciones, no s muestra la sensibilidad que hay dentro de nosotros, nos conecta con el corazón y de allí con Dios. ¿No es acaso en los momentos de dolor cuando recurrimos a él? Pues si y ese hecho en sí tampoco es del todo malo. Lo verdaderamente emocionante es que una vez que hemos logrado el contacto, podamos permanecer conectados, tarea difícil mientras estemos enganchados en cosas y personas.

Parece paradójico eso de agradecer hasta los “malos ratos”, pero si logramos hacer una retrospectiva de nuestros “peores momentos en la vida”, nos daremos cuenta de que han sido también cuando nos hemos conectado con nosotros mismos y realizado algún avance en términos de madurez. Haz el intento, prueba recordar y es bastante probable que te de por agradecer cada momento sin importar lo poco agradable que hayan sido.

Todo lo mejor para ti.-